jueves, 2 de septiembre de 2010

POR QUÉ LOS GENIOS SUELEN MORIR JÓVENES?


Kurt Cobain, Jim Morrison, James Dean, Marilyn Monroe, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Jimmy Hendrix, Janis Joplin
Diferentes géneros, diferentes épocas, diferentes circunstancias, pero algo en común; todos murieron demasiado pronto y como ellos, muchos otros. ¿Por qué?

"Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver", nos dijo el actor James Dean.

Aunque su prematura muerte a los 24 años fuese fruto de un fatídico accidente, ¿qué puede llevar a una persona a decir esta "insensatez"? Menos aún cuando hablamos de una persona con una gran virtud artística como es la de ser actor y con un gran futuro por delante.

Otros jóvenes artistas, sin embargo, no se fueron fruto del azar, e incluso nos dejaron pistas de porqué lo hicieron.

El famoso vocalista del grupo de rock Nirvana, Kurt Cobain, plasmó sus dudas en una profunda carta antes de quitarse la vida de un tiro en la cabeza a los 27 años. De entre sus líneas se puede leer: "...no puedo superar la frustración, la culpa y la hipersensibilidad hacia la gente. Sólo hay bien en mí, y pienso que simplemente amo demasiado a la gente. Tanto, que eso me hace sentir jodidamente triste. El típico piscis triste, sencillo, insatisfecho, ¡dios mío! ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé!..." Un genio que ni más ni menos que había creado un nuevo género dentro de la música y había arrastrado hacia él a toda una nueva generación.

Jim Morrison, cantante y líder del grupo The Doors, también siguió a pies juntillas la famosa frase de James Dean. A los 27 años, este provocador innato, nihilista y devorador de libros de temática demasiado compleja para la mayoría de los de su edad, vivió a pasos agigantados hasta pasar "al otro lado". Murió el 3 de julio de 1971 de un supuesto paro cardíaco, convirtiéndose en uno de los más grandes mitos de la historia de la música.

Norma Jean Baker, más conocida como Marilyn Monroe, estrella del celuloide e icono sexual de los años cincuenta nació el 1 de junio de 1926, poco después de que sus padres se separasen. Durante sus primeros años de vida fue entregada en adopción de forma intermitente. A los 8 años su madre fue internada en un centro psiquiátrico por posibles tendencias suicidas. Desde entonces, Marilyn vivió obsesionada con la idea de haber "heredado" esta enfermedad.

Después de una vida de fama y excesos, con tres matrimonios y dos abortos, el 5 de agosto de 1962 fue encontrada muerta a causa de una supuesta auto ingestión de barbitúricos. (Aún no está del todo claro que fuera realmente un suicidio)

"La mujer alcanzó la perfección. Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización; la apariencia de una necesidad griega fluye por los pergaminos de su toga; sus pies desnudos parcen decir: hasta aquí hemos llegado, se acabó. Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes, uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía. Ella los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo; así los pétalos de una rosa cerrada, cuando el jardín se envara y los olores sangran de las dulces gargantas profundas de la flor de la noche. La luna no tiene por qué entristecerse, mirando con fijeza desde su capucha de hueso. Está acostumbrada a este tipo de cosas. Sus negro crepitan y se arrastran."
Al día siguiente de escribir ese poema, el 11 de febrero de 1963, a sus 30 años, la escritora estadounidense Sylvia Plath, especialmente conocida como poetisa, se levanta por la mañana temprano, lleva al cuarto de sus hijos, Frieda, de 3 años y Nicholas, de 13 meses, dos jarritas de leche, pan y mantequilla. Se encierra en la cocina, donde deja dos cartas dirigidas a su médico y al notario, abre la llave del gas y mete la cabeza en el horno.

Alejandra Pizarnik, poetisa argentina, lo tenía todo; genio poético, padres comprensivos, amigos y amantes que besaban el suelo que pisaba y reconocimiento en vida. Esto no evitó que, en su tercer intento, una sobredosis de somníferoa pusiera fin a su vida a los 36 años.

Todos estos casos y muchos más, dan qué pensar. Mucha gente recordará y hablará de estos mitos como grandes artistas que lo tuvieron todo y lo tiraron por la borda a causa de los excesos provocados por la fama y el dinero.

Yo, por mi parte, tengo una opinión, al menos generalizada, bastante distinta:

A mi modo de ver, la mayoría de estas personas tenían una concepción de la vida muy diferente al entorno que nos rodea a los seres humanos desde hace ya demasiado tiempo; al mundo en que nos ha tocado vivir; ya fuera algo innato o aprendido por el entorno y/o educación durante sus vidas.

Este tipo de personas no entienden (insisto; bajo mi punto de vista) el día a día que han de llevar. Repudian lo que perciben de la realidad que les acompaña en sus vidas, y a la vez aman el maravilloso entorno físico que les rodea y lo que se podría disfrutar de él si las obligaciones, compromisos y responsabilidades no los acosaran contínuamente.

Imaginan un mundo mejor, intentan vivir la vida a su antojo, como un animal más, que en definitiva es lo que somos. Y esto no hace sino alejarlos de la cruda realidad, convirtiéndolos en almas apenadas y, a los ojos del resto, en amargados, inadaptados, antisociales, estrafalarios, polémicos y/o provocadores.

Todo ello los envuelve en un capullo de seda del cual no quieren salir en vida, pero sí en alma; un deseo irrefrenable de expresar lo que sienten, de expulsar violentamente lo que llevan dentro, desarrollando así una gran capacidad creativa que los lleva a destacar en cualquier medio de expresión artística que se propongan o que el cuerpo les pida. Así, al menos, consiguen extrapolar toda esa rabia e insatisfacción que llevan dentro.

Lo más curioso de todo esto es que esa genialidad que desbordan suele gustar y mucho. Lo cual me lleva a plantearme las siguientes preguntas: ¿lleva todo hombre, en mayor o menor medida esa insatisfacción por dentro y se sienten identificados, aunque con la comodidad de no tener que decirlo? ¿O simplemente possen la capacidad de ignorarla o aceptarla y vivir con ella? ¿O quizás aprecian el arte de estos genios porque en cierto modo se descargan con ello?

Por tora parte, este torrente de pasión y transparencia que regalan estos talentos acaba por conseguir un fin letalmente contradictorio con su forma de pensar. Consiguen de los demás algo que acaban por despreciar: el reconocimiento, la aprobación e incluso el endiosamiento propio. Algo que en ningún momento tuvieron la intención de conseguir y que se da de bruces con sus sentimientos, provocando aún mayor infelicidad en sus almas al comprobar que nada va a cambiar ni nada los va a salvar de este "mundo inventado" en el que vivimos. Es entonces cuando la insatisfacción los corroe y los hace estallar.

Pueden poseer todo lo que uno pueda desear en la vida, como en el caso de Alejandra Pizarnik. Mas todo ello no hace sino aumentar su vacío y su miedo hacia lo único que quieren y los ata a una pesada responsabilidad para con ellos.

Más tarde o más temprano, el sano e inherente egoísmo que llevamos dentro y del cual necesitamos, suele desembocar en el nefasto final que los acaba marcando como mitos.

El hecho de que esas muertes estén unidas al consumo de drogas, alcohol, fuertes medicaciones depresivas o incluso todo a la vez, no me parece, a mi modo de ver, que convierta a estas sustancias en causantes de sus trágicos finales.

Si esto fuera así, tenemos a decenas de "genios" inmunes a todo esto. Gente como Mick Jagger, Keith Richards, David Bowie (al menos en los 70), Iggy Pop, Ozzy Osbourne... Pienso más bien que fue su propia condena la que se los llevó.

En contra de lo que muchos puedan pensar sobre el consumo de drogas y demás, yo siempre los tendré en mi mente como seres hipersensibles que quisieron expresar sus más profundos sentimientos sin ninguna intención concreta o quizás con el ánimo de que alguien los entendiera, no sé... Y sin embargo se acabaron hundiendo en la pena de que nada ni nadie vaya a cambiar.

En definitiva, mentes deshubicadas que, por fuerte que pueda parecer la comparación, me hacen recordar al primer "genio incomprendido" del que tengo constancia: Jesucristo.

martes, 24 de agosto de 2010

EL HOMBRE CURIOSO


1.- Estoy de vacaciones, lejos de mi ciudad. Es mediodía y buscamos donde comer. Paseamos por la zona de restaurantes, debemos darnos prisa, pues se están llenando todos.
Para elegir bien, nos guiamos por varias cosas:
Por una parte, claro está, la carta. Hay que buscar buenos precios.
Por otra parte, el sitio. un buen sitio, cómodo y a la sombrita.
Pero además, nos fijamos en otra cosa. Nos fijamos en lo que comen los demás. Y pensamos: "vaya ensalada que se está comiendo ese" o "que buena pinta tiene esa carne" y, sobre todo "que maravilla de postres".
¡Está claro! Éste es un buen sitio.
Entonces nos sentamos y pedimos lo que nos apetece. Cuando nos sirven, miramos nuestros platos y nos gusta lo que vemos, pero no tanto como esperábamos. ¡Vaya! ¿Qué es lo que falla? Pues nada, no falla nada. Simplemente nos llamó más la atención lo que comían los demás que lo que nos han puesto a nosotros. ¿Hemos elegido mal quizás? Seguramente no. De hecho, casi seguro que hemos pedido algún plato de los que habíamos visto antes.
Y sin embargo, nos gustaba más cuando lo veíamos en la mesa de otro. ¿Por qué será?

2.- Estamos en fiestas. En un mercadillo repleto de puestos. Hay de todo y todo llama la atención.
En un momento dado nos acercamos a un puesto y nos interesamos por algo. El vendedor, muy simpático, nos explica varias cosas sobre lo que vende con entusiasmo.
En ese mismo instante, miro alrededor y observo que en cuestión de segundos el puesto se ha llenado de gente. ¿Por qué tan de repente? ¿Qué ha pasado?
Es más, se ha acumulado tanta gente que comenzamos a sentirnos incómodos y finalmente nos despedimos del vendedor y nos vamos.

3.- Sigo de vacaciones. Ahora me encuentro dentro de una iglesia, de visita. Estamos en una sala donde hay varios cuadros, esculturas y reliquias religiosas.
¡De repente se me ocurre algo! Me acerco a un rincón, uno bien oculto de las miradas de los demás. Entonces me dedico a observar lo que hay colgado de la pared con mucha atención. Me cruzo de brazos, pongo cara de curiosidad y me rasco la barbilla.
Observo como un señor se acerca con cara de curioso. Está claro que viene decidido a comprobar qué es lo que observo con tanta curiosidad.
Entonces, despacio, me alejo de allí, pero sin dejar de mirar atrás. Y el señor llega a donde yo estaba y ve lo que yo estaba viendo. El gesto se le cambia de repente y me lanza una mirada de muy mala uva. Y es que lo que yo estaba mirando era... ¡un extintor!

Puede parecer una tontería, pero todo esto me hace pensar: "¿por qué nos interesamos tanto por lo de los demás? ¿Por qué nosotros también lo queremos, aún sin saber qué es?"
Cuando vimos los platos de los demás en el restaurante nos parecían deliciosos. Y sin embargo, cuando nos los pusieron a nosotros, ya no nos parecían para tanto.
Cuando el vendedor en el puesto charlaba animosamente con nosotros, todo el mundo se acercó para saber qué ocurría allí. Seguramente pensarían: "¿habrá alguna ganga?"
Y por último, cuando hice la broma del extintor, aquel hombre no pudo evitar la curiosidad de acercarse a echar un vistazo. ¿Qué esperaba ver?
¿Envidia? ¿Querer conseguir más que los demás? ¿Exceso de curiosidad? Quién sabe. Juzguen ustedes, que esa manía de juzgar que tiene el ser humano también es, cuanto menos, curiosa.

lunes, 26 de julio de 2010

DESPIERTA!


No cierres los ojos; cuando los abras, todo seguirá ahí, en el mismo sitio.

No te tapes los oídos; cuando los destapes, seguirás oyendo lo mismo; como siempre.

No cierres la boca; más tarde o más temprano tendrás que volver a abrirla. Y cuanto más tardes en hacerlo, mayor será la brusquedad con que lo hagas.

No te quedes quieto; o cuando vuelvas a moverte, te dolerá todo el cuerpo.

No te duermas; o cuando despiertes, tendrás que empezar de nuevo.

Por contra...

Abre los ojos; mira al frente. Con los oídos en guardia.

Si tienes que decir algo, dilo. Y si cierras la boca, que sea porque no tienes nada que decir.

Y avanza; siempre hacia delante; con fuerza. Cuanto más largo sea el camino, mayor será la recompensa.

Pero nunca pienses en el fin del camino; tan sólo avanza.

No pienses en el fin del camino, pues no lo hay.

sábado, 3 de julio de 2010

EL OTRO LADO


Estoy en mi habitación. En mi dormitorio; bueno, en el dormitorio de mis padres.
Tengo 8 o 9 años. O 10 o 12, no sé, no recuerdo. Pero soy pequeño. Y estoy allí, sólo, jugando con un camión de plástico.
Estoy frente a la ventana. No una ventana exactamente, sino una puerta corredera de aluminio que da al balcón.
Estoy sentado en el suelo, con una mano apoyada en el suelo y la otra en el camión. Es rojo, creo. Yo al menos lo recuerdo rojo.
La persiana está echada hasta abajo, pero no por completo. Muestra esos agujeritos por donde entra la luz. Parecen ojos. Y parece que me observan.
Creo que no soy el único al que le pasa esto. Ya lo he oído antes. Y en verdad resulta inquietante.
Casi puedo decir que me dan miedo esas decenas de ojos vigilándome. Y el caso es que a la vez me atraen, quiero mirarlos. Y lo hago.
Los miro fijamente. Y su mirada me atrapa. No puedo dejar de mirarlos. Estoy paralizado. Quiero desviar la vista, pero no puedo. Es muy extraño.
Me empiezo a sentir mareado. Quiero irme de allí. ¡Pero no puedo!
Estoy pegado al suelo. Al menos mi cuerpo; pues lo que soy YO, me estoy yendo de mi cuerpo. Y voy hacia la ventana; hacia la persiana, claro.
Abandono mi cuerpo contra mi voluntad y me acerco lenta y pesadamente hacia aquellos ojos que me llaman. No quiero ir, pero a la vez creo que no quiero resistirme. O no puedo, no lo sé.
Me mareo... me voy... pierdo el conocimiento...
Vuelvo en mi. Sigo allí, en mi habitación, sentado en el suelo, con mi camión de plástico. Parece que no haya pasado nada... pero no es verdad.
Algo ha cambiado. No estoy seguro de el qué. Pero no todo es igual. Y no me refiero a lo que me rodea, a mi habitación; eso está exactamente igual.
No sé. Creo que soy yo. Me noto distinto. Cansado. Adormilado. Sin ganas de nada. O mejor dicho; con ganas de nada. Eso es, tengo ganas de nada.
Y es que no estoy en el mismo sitio. En mi habitación, sí, pero no en el mismo sitio. No, estoy en el otro lado.
Supongo que no tendría por qué saberlo, pero lo sé: he pasado al otro lado.
Y no me siento bien; ni mal. No me siento siquiera. Me da igual. Que más da. Allí estoy. Nada más... Al otro lado...
Y a día de hoy, allí sigo; no en mi dormitorio; no en el de mis padres, quiero decir. Pero sí en el otro lado.
A veces me pregunto cómo habría sido mi vida si no hubiera cruzado la persiana.
A veces incluso, ahora en mi propio dormitorio, mientras cojo el sueño, por la noche, observo mi persiana. Observo la luz que pasa por los agujeritos... Y sólo son eso: agujeritos. Nada más. No siento nada cuando los miro. No sé por qué debería sentir algo, ¿verdad? ¡Que tontería!
Y bueno, aquí sigo. Sin más. Es lo que me ha tocado y supongo que así es como tiene que ser.
¡Qué más da! ¿Verdad? Qué más da.

lunes, 14 de junio de 2010

BUDA

Los hombres, que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud. Y que por pensar ansiosamente en el futuro olvidan el presente, de tal forma que acaban por no vivir ni el presente ni el futuro, viven como si nunca fuesen a morir y mueren como si nunca hubiesen vivido.

BUDA

miércoles, 9 de junio de 2010

BUCLE


OTRO DÍA MÁS, OTRA SEMANA, OTRO AÑO Y TODO SIGUE IGUAL
LOS MISMOS SITIOS, LAS MISMAS CARAS, Y NINGUNA ESPERANZA DE QUE VAYA A CAMBIAR
A VECES ME PREGUNTO, QUÉ OCURRIRÍA, SI PARTE DE MI VIDA PUDIERA CAMBIAR
A VECES ME PREGUNTO, QUÉ PASARÍA, SI UN SALTO AL PASADO PUDIERA YO DAR
DIECISIETE OTRA VEZ, EL MUNDO A TUS PIES
ES FIN DE SEMANA, "EL LUNES DECIDIRÉ"
LLEGADA LA HORA, HAS DE ELEGIR
¿ESTUDIA O TRABAJA? DUDAS HAY MIL
NO TIENES UN DURO, ¿QUÉ TAL TRABAJAR?
NO ESTÁS PREPARADO, TENDRÁS QUE ESTUDIAR
NO SABES, SI SABES, RECUERDOS DEL FUTURO
O SUEÑOS ¿QUIÉN SABE? NO ESTÁS SEGURO
TU MENTE, TUS FUERZAS, NADA HA CAMBIADO
TU ERES EL MISMO, DE NUEVO AGOTADO
OTRO DÍA MÁS, OTRA SEMANA, OTRO AÑO Y TODO SIGUE IGUAL
DISTINTOS SITIOS, DISTINTAS CARAS, PERO BIEN SABES QUÉ VA A PASAR
A VECES ME PREGUNTO, QUÉ OCURRIRÍA, SI PARTE DE MI VIDA PUDIERA CAMBIAR
A VECES ME RESPONDO, QUÉ IMPORTARÍA, SI HICIERA LO QUE HICIERA... VOLVERÍA A FALLAR

domingo, 7 de marzo de 2010

DE NOCHE

Me gusta la noche. Me hace sentir bien; me relaja.
Puedo abrir los ojos por completo. Lo veo todo con mayor nitidez. Y disfruto con ello.
Disfruto observándolo todo; aguzando la vista al máxino.
Y donde está demasiado oscuro, desarrollo un sexto sentido para seguir viendo. Y vaya si veo.
Me gusta sentir el aire de la noche en la cara, jugando con mi pelo.
Y me gusta incluso su olor. Por que la noche huele; y es un olor agradable.
También disfruto de los sonidos de la noche. La musicalidad de sus sonidos me tranquiliza.
Y es que la noche me sienta bien, me da fuerzas y me hace olvidar. Me ayuda a no pensar.
Por supuesto, hablo de la noche a la vista. Pues si no la veo, no la siento. Es como si fuera de día. Y entonces pienso; entonces no paro de pensar.
Pero fuera es distinto. Cuando siento la noche en toda su plenitud casi no me siento humano. Y nada me preocupa. Tan sólo estoy ahí. Como el resto; como los árboles; como los animales.
Me siento parte de la naturaleza; parte de un todo. Nada depende de mí, por lo que no merece la pena preocuparse.
Tan sólo estoy. Tan sólo soy. Y nada más importa. ¿Por qué preocuparse?
Debería ser siempre de noche. Lo veo todo más claro, más sencillo, más simple.
Me oigo respirar. De día sólo sé que respiro porque estoy vivo, pero de noche lo siento. Y me siento vivo, me siento capaz y sé que todo lo puedo. No temo a nada.
¡Quiero estar! ¡Quiero ser! ¡Quiero seguir!
Si la noche durase para siempre yo sería otro bien distinto al que todos conocen. Más activo, más alegre, con ganas de todo...
La sangre fluiría mejor por mis venas y mi cuerpo pediría moverse más a menudo.
También más a menudo aparecería mi risa. Y mis ganas de vivir, de ser y de estar.
Y es que de noche me siento pleno.
De noche me siento seguro.
De noche me siento vivo.
De noche me siento otro; de noche me siento YO.