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martes, 30 de mayo de 2017

CIELO


No te olvides de mirar al cielo.
A veces se nos olvida que está ahí y cuando lo observamos, parece que lleváramos una eternidad sin verlo. Y eso no es bueno; nada bueno.
Hay quien lo mira y ve algo más; o al menos cree verlo. Yo solo veo el cielo y eso me basta. Una sola mirada te puede recargar las pilas más de lo que imaginas.
Llevamos la mochila a la espalda, más cargada de lo que debiera. Y solo vemos el suelo; gris, sucio, gastado.
El cielo, sin embargo, es azul, limpio y siempre parece nuevo.
Y siempre estará ahí, para que te deleites con él.
No te olvides de mirarlo. Nunca.


viernes, 9 de diciembre de 2011

ÍNTEGRAMENTE ÍNTEGRO

La integridad no existe.
Así lo pienso yo. No existen las personas íntegras. Sencillamente actuamos consecuentemente en función a nuestras circunstancias. Nuestra supuesta integridad depende de la situación en la que nos encontramos.
Si eres pobre, por ejemplo, tendrás una forma determinada de pensar y de actuar, una opinión concreta sobre ciertos temas y una visión específica de las cosas.
Si eres rico, tus pensamientos y actos son diferentes, así como tu opinión y tu forma de ver las cosas.
Pero, ¿qué ocurriría si al que es pobre lo convirtiéramos en rico y al que es rico lo convirtiéramos en pobre? Pues sencillamente intercambiarían sus pensamientos y opiniones. El que antes era pobre y señalaba al rico con el dedo, ahora como rico no se siente responsable de la situación del pobre, y el que antes era rico y no quería saber nada del pobre, ahora como pobre repudia al rico por su desentendimiento hacia los pobres. Es un poco lioso, pero en el fondo es muy simple. 
Y a todo esto podríamos preguntarmos: ¿Quién es más íntegro? ¿El rico o el pobre? ¿O los dos? ¿O ninguno? Pienso que simplemente no hay respuesta.
¿Y qué hay de los enchufes? No los de electricidad, sino los de trabajo. ¿Quién no ha hechado pestes sobre alguien al enterarse de que ha sido enchufado en un puesto de trabajo? Esto pone enfermo a cualquiera, ¿verdad? Porque nosotros somos íntegros y no soportamos estas injusticias... bueno, depende. Porque si el enchufe te lo ofrecen a tí la cosa cambia, ¿cierto? ¿Dónde queda aquí la integridad? Pues donde siempre, en ningún sitio.
Aun así, habrá quien se considere una persona íntegra. Eso está muy bien, pero de ahí a que lo sea...

miércoles, 21 de septiembre de 2011

LOBOS Y CORDEROS


Mi padre, que en paz descanse, siempre me decía: "arrímate a aquéllos que te puedan aportar algo y no a los que te puedan quitar".
Pero es tan difícil encontrar a alguien que te aporte algo. Y lo que es peor; es tan difícil encontrar a alguien que no te quite.
Vivimos en un mundo de lobos donde cada vez hay menos corderos y muchos de los que hay, no lo son en realidad, pues esconden un lobo dentro. Aunque nunca sabrás cuál ni cuándo te enseñará los dientes.
Si eres un cordero, tienes opciones para sobrevivir, aunque ninguna es del todo agradable:
Una, por ejemplo, es hacerte pasar por lobo. Para ello, tendrás que enseñar los dientes, aunque no engañarás a muchos, pues por mucho que te los afiles no se parecerán a los de un lobo.
También puedes intentar pasar desapercibido. Puedes mezclarte entre la multitud y procurar no abrir mucho la boca, para que no sepan quién eres. Puede que tengas suerte, aunque si un lobo te mira a los ojos, enseguida te descubrirá.
Otra opción sería convertirte tú en un lobo. Lo malo de esto es que se trata de una mutación traumática, pues en el fondo, siempre serás un cordero y te sentirás como tal.
Y es que la verdad es que cada vez más, el mundo es para los lobos. No sabría decir si son ellos los que se adaptan a la sociedad o la sociedad la que se adapta a ellos. En cualquier caso, ellos están predestinados a sobrevivir; ellos son el futuro.
Mi padre era desconfiado y yo lo soy también. Supongo que lo aprendí de él. Y de la misma forma es seguro que mis hijos lo aprenderán. Y no es que yo pretenda educarlos así, pero son niños y como tales, siempre intentan imitar a sus padres.
No sé si seré un buen ejemplo para ellos, pues no sé si tal desconfianza preventiva es buena o no. A mi, hasta ahora, no me ha servido para nada, pues como ya he dicho, si un lobo se fija en ti, no tienes escapatoria. Por mucho que desconfíes, por mucho que te prepares, siempre serás un cordero.
Yo lo soy, y siempre lo seré, para bien o para mal. Y siempre he estado, estoy y estaré alerta, receloso y apartado. Por lo que pueda pasar.
Así soy, no puedo evitarlo; o quizás no quiera.
Soy un cordero desconfiado; uno que a veces intenta pasar por lobo, otras pretende pasar desapercibido y que a veces, solo a veces, sueña con ser un lobo.



jueves, 21 de julio de 2011

ME HUNDO...

No puedo más…
Estoy agotado. Siento un continuo hormigueo en las piernas y apenas si puedo mover los brazos. Y el cuello… el dolor es enorme. Es como si tuviera cables por dentro y los estuvieran tensando continuamente. El dolor me sube por la nuca  y me inunda la cabeza.
Pero lo peor es el pecho… la presión que no me deja respirar. Solo pequeñas bocanadas que en absoluto bastan para llenarme los pulmones, ni por supuesto para oxigenar mi cerebro.
De ahí ese mareo. Ese mareo que unido al dolor no me permite pensar con claridad. La fatiga tampoco ayuda…

No creo que pueda resistir mucho más. Seguramente este sea el fin. Quizá debería serlo. ¿Por qué luchar? ¿Para qué? No conseguiré nada; no servirá de nada…
Es inútil esforzarse. De hecho, cuanto más lo intento menos fuerzas me quedan. Es lógico, ¿verdad?
Si al menos tuviera más fuerza… Puede que entonces consiguiera salir… Pero no me he cuidado lo más mínimo. Si alguna vez me hubiera preocupado por mí; por mi cuerpo… y por mi mente, claro…

Ya casi no puedo respirar por la boca y la nariz la tengo completamente atascada. No sé cuánto aguantaré… me ahogo. Irremediablemente me voy hacia el fondo… Y no podré evitarlo.

Quizás pudiera… y debiera… pedir ayuda. ¡Claro! A ellos. Deben estar ahí. Siempre están ahí, observando. Todos eso ojos impávidos en la oscuridad. Impasibles ante lo que ven. ¡Já! Como si acaso tuviera por qué preocuparles lo que me pase… ¿Por qué iba a preocuparles? No les importa en absoluto… pero no por ello dejan de mirar. Puede que hasta disfruten haciéndolo…

No siento mi cuerpo. Está dormido, prácticamente inerte. Puede que así tenga que ser. Puede que sea lo mejor. ¿Por qué no? Sería lo más fácil. Y se acabaría el sufrimiento… para siempre. “Muerto el perro, se acabó la rabia”. ¡Já! Siempre me ha gustado ese dicho…
A fin de cuentas ya no puedo hacer nada… ¿Y ellos? No les veo la más mínima intención de querer ayudarme. No querría tener que rebajarme a pedirles ayuda… pero es que… ¡joder! ¡Me ahogo! ¡No lo soporto más! ¡Dios!

Dios… Qué curioso. Siempre aparece cuando  peor están las cosas. Es lo único que nos queda, supongo. Incluso si no creemos en él. Yo nunca he creído, y no voy a creer ahora… solo es una expresión… “Dios”…

Me hundo… < No te resistas más… Solo déjate ir… Nada más… no te resistas, no… >

< …Pide ayuda, no seas tonto. Puedes salvarte. ¿Por qué tirarlo todo a la basura?... Tanto esfuerzo… >
¡Para nada! ¿De qué me ha servido? Nunca he sido capaz de terminar nada que haya comenzado. Cuántos comienzos para un único final… < Déjalo ir… >

Llegó. No puedo respirar. Es el fin. No hay vuelta atrás…Se acabó…

¡Los ojos! ¡Los ojos! < ¡Ayuda! ¡Asoma la cabeza y pide  ayuda! > ¿Sí? < ¡Hazlo! > …

…- ¡Ayudaaa!...

…por favor…













lunes, 21 de marzo de 2011

REALIDAD O FICCIÓN?

Hoy en día ya no nos asustamos casi de nada. Estamos tan acostumbrados a las barbaries diarias que ven nuestros ojos y oyen nuestros oídos que estamos prácticamente inmunizados.
Televisión, prensa, cine, videojuegos... si no hay violencia en ellos no nos interesa.
¿Imaginas un programa informativo sin noticias sobre guerras, asesinatos, e incluso sin luchas verbales entre políticos? Y digo esto último porque no sólo hay violencia donde hay sangre. Existen muchas formas de hacer daño y el hombre las conoce todas. Y no conforme con ello siempre está dispuesto a inventar alguna nueva.
Siempre he oído aquello de que la realidad supera la ficción; y así es.
¿Has visto alguna de las películas de "Saw"? (Yo con la primera tuve suficiente para no ver ninguna más) Tremendas ¿verdad? Difíciles de creer fuera de las pantallas. Pues si te parecen exageradas investiga un poco sobre Josef Mengele, el "ángel de la muerte", por nombrar uno.
¿Por qué este tipo de "personas" tienen siquiera derecho a vivir cuando no deberían ni haber nacido? ¿Por qué Pinochet pudo gozar del privilegio de morir de anciano, junto a sus seres queridos y totalmente inmune después de todo lo que hizo? ¿Cree alguien que la imaginación del hombre podría hacer ficción de un tipo de persona como Pinochet o Mengele si no fuera por que ya tenemos la referencia de muchos otros?
Y podemos exagerar la maldad del personaje o personajes todo lo que queramos... no importa... siempre nos quedaremos cortos y si no, ya alguien se encargará de superarlo en la vida real.
Y es que la maldad humana no tiene límites y para los que no la entendemos es muy difícil convivir con ella, por cierto. Evidentemente la mayoría no tenemos la mala suerte de encontrarnos con demonios como estos pero, aunque a menor escala e incluso sin siquiera rozarte, siempre habrá algún hijo de p... dispuesto a hacerte daño.
Uno de tantos ejemplos que confirma esto último ocurrió en España el 18 de Julio de 1936:
Ciudades, barrios e incluso familias que siempre habían convivido medianamente en paz, dentro de lo que cabe, iban a presentar un profundo cambio al estallar la Guerra Civil.
En poco tiempo, comienzan a aforar odios donde antes había saludos, besos o palmadas en la espalda. Odios que les lleva, en muchos de los casos, a matarse entre ellos o señalarse con el dedo para que sean otros los que aprieten el gatillo.
 ¿Qué ocurrió? ¿El demonio los poseyó de repente? Pienso que más bien esos sentimientos ya existían, en mucha menor intensidad, claro está, pero lo que es seguro es que no surgieron de la nada.
Sólo hizo falta una chispa para que todo explotara; unido a otros factores como el miedo y el ánimo de supervivencia, por supuesto, pero el caso es que ya existía la mecha.
Si alguien piensa que algo así no podría ocurrir ahora, se equivoca, estoy seguro de ello.
Y es que es así. Podemos escribir novelas, guiones para películas, crear videojuegos... todos repletos de maldad. Pero por mucha que haya siempre será poca comparada con la realidad y estamos tan acostumbrados a esta maldad que todos solemos cometer el mismo error: cuando vemos en televisión alguna noticia como la de "el monstruo de Amstetten", Josef Fritzl, que retuvo y violó a su propia hija durante 24 años (de los 18 a los 42 años) y tuvo 7 hijos con ella, 3 de los cuales mantuvo encerrados bajo tierra junto a su madre, etc etc... Cuando vemos u oimos algo así pensamos: "Dios mío, si parece una película de terror".  Tremendo error. LA REALIDAD SIEMPRE SUPERA LA FICCIÓN.

miércoles, 16 de febrero de 2011

GRIS

Gris. Ni blanco ni negro; gris.
El blanco es puro, limpio e inmaculado.
El negro es oscuro, malo, oculto.
El gris, ni tanto ni tan poco.
El blanco está arriba; en lo más alto.
El negro está abajo; en lo más profundo.
El gris está en medio; en el ecuador.
Es el equilibrio entre el blanco y el negro.
Ni bueno ni malo.
Ni claro ni oscuro.
Ni todo ni nada...
Gris, solo gris; el equilibrio.
Y yo me pregunto. ¿Conocen a alguien que le guste el gris?



miércoles, 9 de febrero de 2011

¿REALMENTE SABES QUIÉN ERES?

Me siento como tu eres, pero no soy como tu te sientes. Quisiera serlo, pero no me dejo. Bueno, la verdad es que aún no me lo he pedido. Y es que no me atrevo. Temo la respuesta; y la quiero. De veras la quiero; pero ¡cómo la temo!

jueves, 2 de septiembre de 2010

POR QUÉ LOS GENIOS SUELEN MORIR JÓVENES?


Kurt Cobain, Jim Morrison, James Dean, Marilyn Monroe, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Jimmy Hendrix, Janis Joplin
Diferentes géneros, diferentes épocas, diferentes circunstancias, pero algo en común; todos murieron demasiado pronto y como ellos, muchos otros. ¿Por qué?

"Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver", nos dijo el actor James Dean.

Aunque su prematura muerte a los 24 años fuese fruto de un fatídico accidente, ¿qué puede llevar a una persona a decir esta "insensatez"? Menos aún cuando hablamos de una persona con una gran virtud artística como es la de ser actor y con un gran futuro por delante.

Otros jóvenes artistas, sin embargo, no se fueron fruto del azar, e incluso nos dejaron pistas de porqué lo hicieron.

El famoso vocalista del grupo de rock Nirvana, Kurt Cobain, plasmó sus dudas en una profunda carta antes de quitarse la vida de un tiro en la cabeza a los 27 años. De entre sus líneas se puede leer: "...no puedo superar la frustración, la culpa y la hipersensibilidad hacia la gente. Sólo hay bien en mí, y pienso que simplemente amo demasiado a la gente. Tanto, que eso me hace sentir jodidamente triste. El típico piscis triste, sencillo, insatisfecho, ¡dios mío! ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé!..." Un genio que ni más ni menos que había creado un nuevo género dentro de la música y había arrastrado hacia él a toda una nueva generación.

Jim Morrison, cantante y líder del grupo The Doors, también siguió a pies juntillas la famosa frase de James Dean. A los 27 años, este provocador innato, nihilista y devorador de libros de temática demasiado compleja para la mayoría de los de su edad, vivió a pasos agigantados hasta pasar "al otro lado". Murió el 3 de julio de 1971 de un supuesto paro cardíaco, convirtiéndose en uno de los más grandes mitos de la historia de la música.

Norma Jean Baker, más conocida como Marilyn Monroe, estrella del celuloide e icono sexual de los años cincuenta nació el 1 de junio de 1926, poco después de que sus padres se separasen. Durante sus primeros años de vida fue entregada en adopción de forma intermitente. A los 8 años su madre fue internada en un centro psiquiátrico por posibles tendencias suicidas. Desde entonces, Marilyn vivió obsesionada con la idea de haber "heredado" esta enfermedad.

Después de una vida de fama y excesos, con tres matrimonios y dos abortos, el 5 de agosto de 1962 fue encontrada muerta a causa de una supuesta auto ingestión de barbitúricos. (Aún no está del todo claro que fuera realmente un suicidio)

"La mujer alcanzó la perfección. Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización; la apariencia de una necesidad griega fluye por los pergaminos de su toga; sus pies desnudos parcen decir: hasta aquí hemos llegado, se acabó. Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes, uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía. Ella los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo; así los pétalos de una rosa cerrada, cuando el jardín se envara y los olores sangran de las dulces gargantas profundas de la flor de la noche. La luna no tiene por qué entristecerse, mirando con fijeza desde su capucha de hueso. Está acostumbrada a este tipo de cosas. Sus negro crepitan y se arrastran."
Al día siguiente de escribir ese poema, el 11 de febrero de 1963, a sus 30 años, la escritora estadounidense Sylvia Plath, especialmente conocida como poetisa, se levanta por la mañana temprano, lleva al cuarto de sus hijos, Frieda, de 3 años y Nicholas, de 13 meses, dos jarritas de leche, pan y mantequilla. Se encierra en la cocina, donde deja dos cartas dirigidas a su médico y al notario, abre la llave del gas y mete la cabeza en el horno.

Alejandra Pizarnik, poetisa argentina, lo tenía todo; genio poético, padres comprensivos, amigos y amantes que besaban el suelo que pisaba y reconocimiento en vida. Esto no evitó que, en su tercer intento, una sobredosis de somníferoa pusiera fin a su vida a los 36 años.

Todos estos casos y muchos más, dan qué pensar. Mucha gente recordará y hablará de estos mitos como grandes artistas que lo tuvieron todo y lo tiraron por la borda a causa de los excesos provocados por la fama y el dinero.

Yo, por mi parte, tengo una opinión, al menos generalizada, bastante distinta:

A mi modo de ver, la mayoría de estas personas tenían una concepción de la vida muy diferente al entorno que nos rodea a los seres humanos desde hace ya demasiado tiempo; al mundo en que nos ha tocado vivir; ya fuera algo innato o aprendido por el entorno y/o educación durante sus vidas.

Este tipo de personas no entienden (insisto; bajo mi punto de vista) el día a día que han de llevar. Repudian lo que perciben de la realidad que les acompaña en sus vidas, y a la vez aman el maravilloso entorno físico que les rodea y lo que se podría disfrutar de él si las obligaciones, compromisos y responsabilidades no los acosaran contínuamente.

Imaginan un mundo mejor, intentan vivir la vida a su antojo, como un animal más, que en definitiva es lo que somos. Y esto no hace sino alejarlos de la cruda realidad, convirtiéndolos en almas apenadas y, a los ojos del resto, en amargados, inadaptados, antisociales, estrafalarios, polémicos y/o provocadores.

Todo ello los envuelve en un capullo de seda del cual no quieren salir en vida, pero sí en alma; un deseo irrefrenable de expresar lo que sienten, de expulsar violentamente lo que llevan dentro, desarrollando así una gran capacidad creativa que los lleva a destacar en cualquier medio de expresión artística que se propongan o que el cuerpo les pida. Así, al menos, consiguen extrapolar toda esa rabia e insatisfacción que llevan dentro.

Lo más curioso de todo esto es que esa genialidad que desbordan suele gustar y mucho. Lo cual me lleva a plantearme las siguientes preguntas: ¿lleva todo hombre, en mayor o menor medida esa insatisfacción por dentro y se sienten identificados, aunque con la comodidad de no tener que decirlo? ¿O simplemente possen la capacidad de ignorarla o aceptarla y vivir con ella? ¿O quizás aprecian el arte de estos genios porque en cierto modo se descargan con ello?

Por tora parte, este torrente de pasión y transparencia que regalan estos talentos acaba por conseguir un fin letalmente contradictorio con su forma de pensar. Consiguen de los demás algo que acaban por despreciar: el reconocimiento, la aprobación e incluso el endiosamiento propio. Algo que en ningún momento tuvieron la intención de conseguir y que se da de bruces con sus sentimientos, provocando aún mayor infelicidad en sus almas al comprobar que nada va a cambiar ni nada los va a salvar de este "mundo inventado" en el que vivimos. Es entonces cuando la insatisfacción los corroe y los hace estallar.

Pueden poseer todo lo que uno pueda desear en la vida, como en el caso de Alejandra Pizarnik. Mas todo ello no hace sino aumentar su vacío y su miedo hacia lo único que quieren y los ata a una pesada responsabilidad para con ellos.

Más tarde o más temprano, el sano e inherente egoísmo que llevamos dentro y del cual necesitamos, suele desembocar en el nefasto final que los acaba marcando como mitos.

El hecho de que esas muertes estén unidas al consumo de drogas, alcohol, fuertes medicaciones depresivas o incluso todo a la vez, no me parece, a mi modo de ver, que convierta a estas sustancias en causantes de sus trágicos finales.

Si esto fuera así, tenemos a decenas de "genios" inmunes a todo esto. Gente como Mick Jagger, Keith Richards, David Bowie (al menos en los 70), Iggy Pop, Ozzy Osbourne... Pienso más bien que fue su propia condena la que se los llevó.

En contra de lo que muchos puedan pensar sobre el consumo de drogas y demás, yo siempre los tendré en mi mente como seres hipersensibles que quisieron expresar sus más profundos sentimientos sin ninguna intención concreta o quizás con el ánimo de que alguien los entendiera, no sé... Y sin embargo se acabaron hundiendo en la pena de que nada ni nadie vaya a cambiar.

En definitiva, mentes deshubicadas que, por fuerte que pueda parecer la comparación, me hacen recordar al primer "genio incomprendido" del que tengo constancia: Jesucristo.

martes, 24 de agosto de 2010

EL HOMBRE CURIOSO


1.- Estoy de vacaciones, lejos de mi ciudad. Es mediodía y buscamos donde comer. Paseamos por la zona de restaurantes, debemos darnos prisa, pues se están llenando todos.
Para elegir bien, nos guiamos por varias cosas:
Por una parte, claro está, la carta. Hay que buscar buenos precios.
Por otra parte, el sitio. un buen sitio, cómodo y a la sombrita.
Pero además, nos fijamos en otra cosa. Nos fijamos en lo que comen los demás. Y pensamos: "vaya ensalada que se está comiendo ese" o "que buena pinta tiene esa carne" y, sobre todo "que maravilla de postres".
¡Está claro! Éste es un buen sitio.
Entonces nos sentamos y pedimos lo que nos apetece. Cuando nos sirven, miramos nuestros platos y nos gusta lo que vemos, pero no tanto como esperábamos. ¡Vaya! ¿Qué es lo que falla? Pues nada, no falla nada. Simplemente nos llamó más la atención lo que comían los demás que lo que nos han puesto a nosotros. ¿Hemos elegido mal quizás? Seguramente no. De hecho, casi seguro que hemos pedido algún plato de los que habíamos visto antes.
Y sin embargo, nos gustaba más cuando lo veíamos en la mesa de otro. ¿Por qué será?

2.- Estamos en fiestas. En un mercadillo repleto de puestos. Hay de todo y todo llama la atención.
En un momento dado nos acercamos a un puesto y nos interesamos por algo. El vendedor, muy simpático, nos explica varias cosas sobre lo que vende con entusiasmo.
En ese mismo instante, miro alrededor y observo que en cuestión de segundos el puesto se ha llenado de gente. ¿Por qué tan de repente? ¿Qué ha pasado?
Es más, se ha acumulado tanta gente que comenzamos a sentirnos incómodos y finalmente nos despedimos del vendedor y nos vamos.

3.- Sigo de vacaciones. Ahora me encuentro dentro de una iglesia, de visita. Estamos en una sala donde hay varios cuadros, esculturas y reliquias religiosas.
¡De repente se me ocurre algo! Me acerco a un rincón, uno bien oculto de las miradas de los demás. Entonces me dedico a observar lo que hay colgado de la pared con mucha atención. Me cruzo de brazos, pongo cara de curiosidad y me rasco la barbilla.
Observo como un señor se acerca con cara de curioso. Está claro que viene decidido a comprobar qué es lo que observo con tanta curiosidad.
Entonces, despacio, me alejo de allí, pero sin dejar de mirar atrás. Y el señor llega a donde yo estaba y ve lo que yo estaba viendo. El gesto se le cambia de repente y me lanza una mirada de muy mala uva. Y es que lo que yo estaba mirando era... ¡un extintor!

Puede parecer una tontería, pero todo esto me hace pensar: "¿por qué nos interesamos tanto por lo de los demás? ¿Por qué nosotros también lo queremos, aún sin saber qué es?"
Cuando vimos los platos de los demás en el restaurante nos parecían deliciosos. Y sin embargo, cuando nos los pusieron a nosotros, ya no nos parecían para tanto.
Cuando el vendedor en el puesto charlaba animosamente con nosotros, todo el mundo se acercó para saber qué ocurría allí. Seguramente pensarían: "¿habrá alguna ganga?"
Y por último, cuando hice la broma del extintor, aquel hombre no pudo evitar la curiosidad de acercarse a echar un vistazo. ¿Qué esperaba ver?
¿Envidia? ¿Querer conseguir más que los demás? ¿Exceso de curiosidad? Quién sabe. Juzguen ustedes, que esa manía de juzgar que tiene el ser humano también es, cuanto menos, curiosa.

sábado, 3 de julio de 2010

EL OTRO LADO


Estoy en mi habitación. En mi dormitorio; bueno, en el dormitorio de mis padres.
Tengo 8 o 9 años. O 10 o 12, no sé, no recuerdo. Pero soy pequeño. Y estoy allí, sólo, jugando con un camión de plástico.
Estoy frente a la ventana. No una ventana exactamente, sino una puerta corredera de aluminio que da al balcón.
Estoy sentado en el suelo, con una mano apoyada en el suelo y la otra en el camión. Es rojo, creo. Yo al menos lo recuerdo rojo.
La persiana está echada hasta abajo, pero no por completo. Muestra esos agujeritos por donde entra la luz. Parecen ojos. Y parece que me observan.
Creo que no soy el único al que le pasa esto. Ya lo he oído antes. Y en verdad resulta inquietante.
Casi puedo decir que me dan miedo esas decenas de ojos vigilándome. Y el caso es que a la vez me atraen, quiero mirarlos. Y lo hago.
Los miro fijamente. Y su mirada me atrapa. No puedo dejar de mirarlos. Estoy paralizado. Quiero desviar la vista, pero no puedo. Es muy extraño.
Me empiezo a sentir mareado. Quiero irme de allí. ¡Pero no puedo!
Estoy pegado al suelo. Al menos mi cuerpo; pues lo que soy YO, me estoy yendo de mi cuerpo. Y voy hacia la ventana; hacia la persiana, claro.
Abandono mi cuerpo contra mi voluntad y me acerco lenta y pesadamente hacia aquellos ojos que me llaman. No quiero ir, pero a la vez creo que no quiero resistirme. O no puedo, no lo sé.
Me mareo... me voy... pierdo el conocimiento...
Vuelvo en mi. Sigo allí, en mi habitación, sentado en el suelo, con mi camión de plástico. Parece que no haya pasado nada... pero no es verdad.
Algo ha cambiado. No estoy seguro de el qué. Pero no todo es igual. Y no me refiero a lo que me rodea, a mi habitación; eso está exactamente igual.
No sé. Creo que soy yo. Me noto distinto. Cansado. Adormilado. Sin ganas de nada. O mejor dicho; con ganas de nada. Eso es, tengo ganas de nada.
Y es que no estoy en el mismo sitio. En mi habitación, sí, pero no en el mismo sitio. No, estoy en el otro lado.
Supongo que no tendría por qué saberlo, pero lo sé: he pasado al otro lado.
Y no me siento bien; ni mal. No me siento siquiera. Me da igual. Que más da. Allí estoy. Nada más... Al otro lado...
Y a día de hoy, allí sigo; no en mi dormitorio; no en el de mis padres, quiero decir. Pero sí en el otro lado.
A veces me pregunto cómo habría sido mi vida si no hubiera cruzado la persiana.
A veces incluso, ahora en mi propio dormitorio, mientras cojo el sueño, por la noche, observo mi persiana. Observo la luz que pasa por los agujeritos... Y sólo son eso: agujeritos. Nada más. No siento nada cuando los miro. No sé por qué debería sentir algo, ¿verdad? ¡Que tontería!
Y bueno, aquí sigo. Sin más. Es lo que me ha tocado y supongo que así es como tiene que ser.
¡Qué más da! ¿Verdad? Qué más da.

lunes, 14 de junio de 2010

BUDA

Los hombres, que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud. Y que por pensar ansiosamente en el futuro olvidan el presente, de tal forma que acaban por no vivir ni el presente ni el futuro, viven como si nunca fuesen a morir y mueren como si nunca hubiesen vivido.

BUDA

miércoles, 9 de junio de 2010

BUCLE


OTRO DÍA MÁS, OTRA SEMANA, OTRO AÑO Y TODO SIGUE IGUAL
LOS MISMOS SITIOS, LAS MISMAS CARAS, Y NINGUNA ESPERANZA DE QUE VAYA A CAMBIAR
A VECES ME PREGUNTO, QUÉ OCURRIRÍA, SI PARTE DE MI VIDA PUDIERA CAMBIAR
A VECES ME PREGUNTO, QUÉ PASARÍA, SI UN SALTO AL PASADO PUDIERA YO DAR
DIECISIETE OTRA VEZ, EL MUNDO A TUS PIES
ES FIN DE SEMANA, "EL LUNES DECIDIRÉ"
LLEGADA LA HORA, HAS DE ELEGIR
¿ESTUDIA O TRABAJA? DUDAS HAY MIL
NO TIENES UN DURO, ¿QUÉ TAL TRABAJAR?
NO ESTÁS PREPARADO, TENDRÁS QUE ESTUDIAR
NO SABES, SI SABES, RECUERDOS DEL FUTURO
O SUEÑOS ¿QUIÉN SABE? NO ESTÁS SEGURO
TU MENTE, TUS FUERZAS, NADA HA CAMBIADO
TU ERES EL MISMO, DE NUEVO AGOTADO
OTRO DÍA MÁS, OTRA SEMANA, OTRO AÑO Y TODO SIGUE IGUAL
DISTINTOS SITIOS, DISTINTAS CARAS, PERO BIEN SABES QUÉ VA A PASAR
A VECES ME PREGUNTO, QUÉ OCURRIRÍA, SI PARTE DE MI VIDA PUDIERA CAMBIAR
A VECES ME RESPONDO, QUÉ IMPORTARÍA, SI HICIERA LO QUE HICIERA... VOLVERÍA A FALLAR

domingo, 7 de marzo de 2010

DE NOCHE

Me gusta la noche. Me hace sentir bien; me relaja.
Puedo abrir los ojos por completo. Lo veo todo con mayor nitidez. Y disfruto con ello.
Disfruto observándolo todo; aguzando la vista al máxino.
Y donde está demasiado oscuro, desarrollo un sexto sentido para seguir viendo. Y vaya si veo.
Me gusta sentir el aire de la noche en la cara, jugando con mi pelo.
Y me gusta incluso su olor. Por que la noche huele; y es un olor agradable.
También disfruto de los sonidos de la noche. La musicalidad de sus sonidos me tranquiliza.
Y es que la noche me sienta bien, me da fuerzas y me hace olvidar. Me ayuda a no pensar.
Por supuesto, hablo de la noche a la vista. Pues si no la veo, no la siento. Es como si fuera de día. Y entonces pienso; entonces no paro de pensar.
Pero fuera es distinto. Cuando siento la noche en toda su plenitud casi no me siento humano. Y nada me preocupa. Tan sólo estoy ahí. Como el resto; como los árboles; como los animales.
Me siento parte de la naturaleza; parte de un todo. Nada depende de mí, por lo que no merece la pena preocuparse.
Tan sólo estoy. Tan sólo soy. Y nada más importa. ¿Por qué preocuparse?
Debería ser siempre de noche. Lo veo todo más claro, más sencillo, más simple.
Me oigo respirar. De día sólo sé que respiro porque estoy vivo, pero de noche lo siento. Y me siento vivo, me siento capaz y sé que todo lo puedo. No temo a nada.
¡Quiero estar! ¡Quiero ser! ¡Quiero seguir!
Si la noche durase para siempre yo sería otro bien distinto al que todos conocen. Más activo, más alegre, con ganas de todo...
La sangre fluiría mejor por mis venas y mi cuerpo pediría moverse más a menudo.
También más a menudo aparecería mi risa. Y mis ganas de vivir, de ser y de estar.
Y es que de noche me siento pleno.
De noche me siento seguro.
De noche me siento vivo.
De noche me siento otro; de noche me siento YO.

viernes, 29 de enero de 2010

POSTRADO


El mundo es tan ligero, tan liviano. Flotando en el espacio, sin apoyos ni cadenas; a su aire; dejándose llevar.
Y yo sin embargo, me siento tan pesado. Anclado al suelo. Como una estatua. Como un monumento. O como un edificio.
No consigo moverme. A veces ni quiero. Pero cuando quiero, no puedo.
Y es que peso tanto...
El mundo nunca duerme. Y al menos en eso estamos de acuerdo.
El mundo es frenético. Como mi mente. Más no así mi cuerpo. Y eso es lo que me queda; mi mundo es mi mente. Confuso, pero sencillo.
El mundo es enorme. Mi mente también. Más incluso, pues no tiene fin. Todo es posible en mi mente. Con ella puedo caminar, correr y saltar; incluso puedo volar. Y lo mejor de todo es que apenas me canso.
Aunque también tiene su parte mala: y es que aún cuando me canso, sigo volando, o saltando, o corriendo o caminando.
Mi mente nunca duerme. Ya lo dije antes. Cuando arriba es de día, abajo es de noche. Pero la noche nunca llega arriba; ni abajo el día.
Aun así me encanta viajar. Lo hago contínuamente. A cualquier sitio. Miles de sitios he visitado ya, aunque en ellos nunca haya estado.
Me gustaría poder quedarme en alguno de ellos. Al menos un tiempo. Pero nunca puedo.
Las visitas son cortas. No más de una hora. Y aunque puedo volver cada vez que quiera, nunca me sacian.
A veces pienso que mi mente está tan viva que por eso no siento mi cuerpo. No me importaría incluso prescindir de él. Pero por suerte o por desgracia, lo necesito.
Suelo mirarlo durante largos ratos; me trae buenos recuerdos. Llegué a amarlo, pero ahora lo desprecio.
No entiendo porqué se me dio algo que no pedí y ahora que lo necesito no lo tengo. ¿Acaso no lo merezco?
¿Cuándo hice aquello tan malo que se supone que hice? Por más que lo intento no lo recuerdo. ¿Tan malo fue? ¿Tan tremendo? ¿Se supone que tengo que aceptarlo? ¡No estoy dispuesto!
El cielo es tan hermoso, tan inmenso. A veces consigo verlo, aunque no tanto como desearía. Sé que siempre está ahí, pero necesito verlo.
No se le puede quitar el caramelo a un niño cuando aún no lo ha acabado. Si no pensabas dejar que lo acabara, no habérselo dado.

sábado, 24 de octubre de 2009

ME QUIERO


A mí, por ser tan guapo
A mí, por ser tan bueno
A mí, espejo del alma
A mí, deber me debo.

De mí, lo espero todo
De mí, tengo celos
De mí, guardo recuerdos
De mí, siento anhelos

Por mí, daría la vida
Por mí, por ser sincero
Por mí, alma bendita
Por mí, daría dinero

En mí, no cabe el rencor
En mí, no cabe el miedo
En mí, no cabe el mal
En mí, no me quepo entero

Yo, pienso en mí
Yo, me siento pleno
Yo, placer me doy
Yo, estoy lleno

Conmigo, iría al cielo
Conmigo, me divierto
Conmigo, el día y la noche
Conmigo, siempre abierto

Es por mí, que hacer yo hago
Es por mí, que hacer yo debo
Es por mí, que grito en voz alta, muy alta
¡Me quiero!

martes, 8 de septiembre de 2009

LA CAJA DE BOMBONES

“La vida es como una caja de bombones; nunca sabes qué te va a tocar”, decía Forrest Gump. ¡Y cuánta razón tenía!
6.500 millones de habitantes repartidos en 510.065.284,702 kilómetros cuadrados. 248 países y unos 6.700 idiomas diferentes.
¡Imaginar interrelacionarse con tan siquiera la millonésima parte de seres humanos que pueblan nuestro planeta resulta una tarea imposible de imaginar!
Pero la cuestión está en que a lo largo de nuestra vida lo haremos con muchos de ellos.
¿Sabemos de antemano qué relación vamos a tener con cada persona que conozcamos? ¿Cuánto van a durar dichas relaciones? ¿Cuáles van a ser más importantes que otras? ¿Cuánto va a prevalecer cada una? ¿Cuáles nos dejarán huella y cuáles no?
Imposible. Aún más que en la caja de bombones de Forrest Gump.
¿Por qué nos empeñamos entonces en preparar nuestro futuro en torno a los demás? ¿Por qué nos vinculamos, asociamos y ligamos a tantas personas en nuestra vida hasta el punto de permanecer “irrevocablemente unidas a ellas de por vida”?
Los humanos no nos guiamos por instinto, que es lo que hacen los animales. Tenemos el don de pensar lo que hacemos o queremos hacer. Libertad total de decisión.
Y sin embargo nos sentimos unidos a nuestra familia sólo por el hecho de serla. Permanecemos unidos a nuestra pareja para siempre sólo porque un día se lo prometimos. Daríamos la vida por nuestros hijos porque son sangre de nuestra sangre.
Al fin y al cabo, puede que no seamos tan diferentes de los animales. Puede que también actuemos por reflejo. Puede que en el fondo seamos tan humanos como los animales.
Podemos hacer lo que queramos y decidimos atarnos de pies y manos. Eso en mi pueblo se llama “acción inconsciente”. Pero lo hacemos.
¿Qué nos lleva a ello?, me pregunto. Y no sé la respuesta. No la tengo. Me gustaría seguir con este artículo pero no puedo. No soy un filósofo. Tan sólo sé que somos felices siendo como somos y somos tan felices como queremos ser.