miércoles, 8 de diciembre de 2010

Misantropia

 El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.
Friedrich Nietzsche   (1844-1900) Filosofo alemán.

Siempre atribui mi extraña forma de ser, a mi excesiva timidez y la consiguiente incapacidad de comunicarme con mis semejantes, lo que a la larga me ha llevado a aislarme socialmente y sentirme poco a gusto con el  entorno.

Yo siempre fui clasificada como fobica social aunque a mi no me convencian del todo los parametros que manejaban.

Hoy por fin puedo englobarme en mi tendencia real, gracias a que esa palabra me llego en el aire e investigando sobre ella refleja claramente lo que soy.

Hoy soy feliz, pues he entendido que no soy la unica y que aqui en la comunidad Ymipollo, habemos muchos que en menor o mayor grado somos asi, ejemplos sobran pero dejemos que cada uno se identifique con la descripcion que encontre y en la cual encajo....

 MISANTROPIA DEFINICIÓN:
La misantropía es una aversión al ser humano. Una persona con este problema muestra un desagrado hacia la sociedad, este desagrado puede ser ligero o fuerte, por lo que en ocasiones esta persona puede ser destructiva hacia la sociedad o sólo hacer una simple crítica.

CARACTERÍSTICAS DEL MISÁNTROPO:
  • El misántropo se cree superior al resto de la sociedad.
  • El lenguaje de estas personas suele tener un tono sarcástico.
  • Son personas con un gran conocimiento de la filosofía.
  • Suelen ser personas con un alto nivel intelectual, aficionadas a la lectura de la filosofía sobre todo.
  • No aceptan las reglas sociales, no les preocupa su aspecto físico y no les gusta el cambio.
Esta enfermedad tiende al aislamiento social. Este aislamiento es causado porque la persona no recibe un buen trato de la sociedad y cree que tampoco lo recibirá en un futuro. No es un aislamiento físico, sino que la persona se cierra completamente a las relaciones sociales.
Esta persona toma una definición negativa de la sociedad. Esta enfermedad muestra a la sociedad como un fracaso, como algo que nunca va a salir adelante. La cura es impredecible cuando el sujeto se adentra en un profundo aislamiento del resto de la gente. La misantropía aparece de manera espontánea cuando el la persona adopta un grado de desconfianza hacia el resto muy elevado.

Para el misántropo el resto de la gente no puede cambiar, aunque reciba un buen trato de los demás, él nunca será capaz de cambiar de idea. Esto no se convierte en gravedad si la persona no se aisla y busca alternativas a su vida. La búsqueda de otra alternativa no sería posible ya que la única posibilidad sería buscar un entorno en el que él pudiera confiar, pero esto es algo que para un misántropo no es posible.
Cuando hablamos de una persona huraña, amargada que no quiere saber nada de los demás posiblemente estemos hablando de un misántropo, porque normalmente si buscamos en la biografía de esa persona encontraremos algún motivo por el que esa persona sea así.
La diferencia del misántropo con los demás es que es una persona que tiene una gran sinceridad con su conciencia. Esto se convierte en un problema cuando surge un conflicto con otra persona y el misántropo no es capaz de dejar su conciencia a un lado y dar su brazo a torcer para seguir en sintonía con la otra persona.
Tener una vida apartada del resto proporciona desarrollar una vida interior muy rica ya que la persona sólo se centra en sí misma sin pensar en lo que creerán los demás.
FILOSOFOS MISANTROPOS:
Arthur Shopenhauer declaró que los misántropos no tienen porque ser personas inhumanas. Afirmó que las personas debemos tratar con otras de manera ética ya que todos sufrimos y eso es parte de la vida.
Alejandro Corral Ríos estudió la misantropía mediante la literatura lírica y las obras de teatro, y concluye afirmando que una vida llevada por los sentimientos y los sentidos nunca encontrará la felicidad.
La misantropía en la historia
Muchos han sido los personajes famosos a lo largo de la historia que se han declarado misántropos o que se cree lo fueron. Según muchos psicólogos, esta aversión al ser humano se refleja principalmente en personas con una gran capacidad intelectual, y por eso no es de extrañar que filósofos, literatos o incluso directores de cine, se hallen en esta corriente:
  • Arthur Schopenhauer: Filósofo alemán que afirmaba que el Ser Humano no era más que un error. Además, se atrevió a tratar el suicidio en una época en la que no se tenía noción de tal concepto.
  • José Ortega y Gasset: Filósofo español y declarado misántropo.
  • Pío Baroja: Literato español, que mostraba en sus obras su poco aprecio por la Humanidad. Pero curiosamente, también denostaba su falta de atención e incluso su soledad.
  • Otros misántropos famosos: Friedrich Nietzsche (filósofo), Stanley Kubrick (director de cine), Jonathan Swift (escritor) o Francisco de Quevedo (literato).
La misantropía en la actualidad
De un tiempo a esta parte, esta postura misantrópica ha adquirido un mayor conocimiento en la sociedad gracias al personaje de ficción interpretado por Hugh Laurie: el Doctor House.


NOTA DEL AUTOR DE ESTE BLOG:

Este artículo no es mío. Lo tomé prestado de www.ymipollo.com
No acostumbro a hacer esto, pero es que cuando leí esto no pude evitar pensar:
¿POR QUÉ QUERRÍA UN MISÁNTROPO HACERSE OIR?
Y es que en realidad no somos ni tan buenos ni tan malos. En verdad lo que somos es 
TAN SIMPLES





sábado, 23 de octubre de 2010

LA PIEDRA Y LA LUNA

…Y Drael le dijo a Esenia:
-La vida no tiene sentido, Esenia. No tiene razón de ser. ¿Para qué estamos aquí? ¿Cuál es nuestra función? La vida es como una tortura continua, como una broma cruel…
>>Te despiertas al amanecer, mucho antes de lo que te hubiera gustado hacerlo; y eso contando con que hayas dormido. Y desde que pones un pie en el suelo, comienzan las obligaciones: Ponte el uniforme, coge tu arma y ocupa tu lugar. Haz lo que debes hacer y no te salgas de la línea. No intentes destacar; ni se te ocurra innovar. Y sobre todo, procura no pensar… Eso es lo más importante; no pienses y serás feliz. Pero yo al menos, no puedo evitar pensar, ¿sabes? Esta cabeza sirve para algo más que lucir el pelo.
>>Y cuando llega la noche, derramas tu sudor sobre un sucio y triste camastro. Y diriges la mirada al cielo, más no lo ves. Y piensas: ¿Para qué me levanté esta mañana? ¿Y para qué lo voy a hacer de nuevo cuando amanezca? Si ya sé lo que me espera.
>>A veces me gustaría estar muerto, ¿sabes? O mejor aún, no haber nacido… Aunque de niño era feliz… supongo. Y digo bien; supongo, pues apenas recuerdo mi infancia…
Y Drael miró con seriedad a Esenia y terminó diciendo:
-Si alguien me asegurase que voy a morir ahora mismo, no me importaría, te lo aseguro. Qué más da… muerto el perro, se acabó la rabia.
Y Esenia se levantó de la gran piedra en la que estaban sentados. Y se puso de rodillas frente a él y le dijo:
-Mírame a los ojos, Drael.
Él obedeció tímidamente. Ella no dijo nada. Tan sólo se miraron.
Tras un instante sin mediar palabra entre ellos, Drael desvió la mirada sonriendo e intentó decir algo.
-¡No! -Se le adelantó ella-. No dejes de mirarme.
Drael apagó su sonrisa y la miró seriamente esta vez. Y pudo ver más de cerca que nunca cuan hermosos eran sus verdes ojos. Y al rato, ella le dijo:
-Si de verdad piensas que la vida no tiene sentido. Si en verdad crees que nada tiene un porqué; entonces quédate ahí.
>>Si piensas que estás aquí para nada, si piensas que tu vida no guarda cometido alguno, por nimio que sea éste y que de ti, como de cualquier otro, se puede prescindir; entonces quédate ahí.
>>Quédate ahí, malgastando todo aquello de lo que tu infinita mente es capaz. Quédate ahí, quejándote a la luna de la penosa desgracia que aseguras puebla tu ser. Si es así, quédate ahí.
>>Pero si por el contrario pensaras que te equivocas. Si por el contrario fueras capaz de ver que el egocentrismo de tu mente ciega la pureza de tu corazón. Si por casualidad recapacitas y acabas reconociendo que tu egoísmo inconsciente es el culpable de que no puedas ver más allá…
>>Si te diera por pensar que el porqué de la vida acaso no consiste más que en vivir. O si te diera al menos por imaginar que ese porqué que buscas siempre lo has tenido dentro de ti, pero no lo has sabido o no lo has querido ver…
>>Si es así como piensas realmente, pero tu ridícula armadura no te lo permite ver. Si es así, quítate la armadura y sígueme.
Y dicho esto, se inclinó sobre Drael, apoyándose en sus rodillas, y dejó que sus carnosos labios se rozaran ligeramente con los de él.
Y enseguida se levantó, y se alejó de él.
Y Drael, que pareció despertar de un sueño, obnubilado aún por la suave caricia de aquéllos labios, la siguió con la mirada.
Observó el brillo de sus tirabuzones caoba meciéndose bajo la luna, desde la cabeza hasta la cintura. Y más abajo, se deleitó con el contoneo de sus caderas, ceñidas por el cuero…
Y entonces, bajó la mirada al suelo, pero pronto la levantó, para mirarla de nuevo. Y ésta a punto estaba de desparecer entre los árboles.
Y Drael se levantó con decisión. Y embriagado aun sin haber bebido, se fue tras ella. Se fue con ella, dejando allí solas, a la piedra, y a la luna.

jueves, 2 de septiembre de 2010

POR QUÉ LOS GENIOS SUELEN MORIR JÓVENES?


Kurt Cobain, Jim Morrison, James Dean, Marilyn Monroe, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Jimmy Hendrix, Janis Joplin
Diferentes géneros, diferentes épocas, diferentes circunstancias, pero algo en común; todos murieron demasiado pronto y como ellos, muchos otros. ¿Por qué?

"Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver", nos dijo el actor James Dean.

Aunque su prematura muerte a los 24 años fuese fruto de un fatídico accidente, ¿qué puede llevar a una persona a decir esta "insensatez"? Menos aún cuando hablamos de una persona con una gran virtud artística como es la de ser actor y con un gran futuro por delante.

Otros jóvenes artistas, sin embargo, no se fueron fruto del azar, e incluso nos dejaron pistas de porqué lo hicieron.

El famoso vocalista del grupo de rock Nirvana, Kurt Cobain, plasmó sus dudas en una profunda carta antes de quitarse la vida de un tiro en la cabeza a los 27 años. De entre sus líneas se puede leer: "...no puedo superar la frustración, la culpa y la hipersensibilidad hacia la gente. Sólo hay bien en mí, y pienso que simplemente amo demasiado a la gente. Tanto, que eso me hace sentir jodidamente triste. El típico piscis triste, sencillo, insatisfecho, ¡dios mío! ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé!..." Un genio que ni más ni menos que había creado un nuevo género dentro de la música y había arrastrado hacia él a toda una nueva generación.

Jim Morrison, cantante y líder del grupo The Doors, también siguió a pies juntillas la famosa frase de James Dean. A los 27 años, este provocador innato, nihilista y devorador de libros de temática demasiado compleja para la mayoría de los de su edad, vivió a pasos agigantados hasta pasar "al otro lado". Murió el 3 de julio de 1971 de un supuesto paro cardíaco, convirtiéndose en uno de los más grandes mitos de la historia de la música.

Norma Jean Baker, más conocida como Marilyn Monroe, estrella del celuloide e icono sexual de los años cincuenta nació el 1 de junio de 1926, poco después de que sus padres se separasen. Durante sus primeros años de vida fue entregada en adopción de forma intermitente. A los 8 años su madre fue internada en un centro psiquiátrico por posibles tendencias suicidas. Desde entonces, Marilyn vivió obsesionada con la idea de haber "heredado" esta enfermedad.

Después de una vida de fama y excesos, con tres matrimonios y dos abortos, el 5 de agosto de 1962 fue encontrada muerta a causa de una supuesta auto ingestión de barbitúricos. (Aún no está del todo claro que fuera realmente un suicidio)

"La mujer alcanzó la perfección. Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización; la apariencia de una necesidad griega fluye por los pergaminos de su toga; sus pies desnudos parcen decir: hasta aquí hemos llegado, se acabó. Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes, uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía. Ella los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo; así los pétalos de una rosa cerrada, cuando el jardín se envara y los olores sangran de las dulces gargantas profundas de la flor de la noche. La luna no tiene por qué entristecerse, mirando con fijeza desde su capucha de hueso. Está acostumbrada a este tipo de cosas. Sus negro crepitan y se arrastran."
Al día siguiente de escribir ese poema, el 11 de febrero de 1963, a sus 30 años, la escritora estadounidense Sylvia Plath, especialmente conocida como poetisa, se levanta por la mañana temprano, lleva al cuarto de sus hijos, Frieda, de 3 años y Nicholas, de 13 meses, dos jarritas de leche, pan y mantequilla. Se encierra en la cocina, donde deja dos cartas dirigidas a su médico y al notario, abre la llave del gas y mete la cabeza en el horno.

Alejandra Pizarnik, poetisa argentina, lo tenía todo; genio poético, padres comprensivos, amigos y amantes que besaban el suelo que pisaba y reconocimiento en vida. Esto no evitó que, en su tercer intento, una sobredosis de somníferoa pusiera fin a su vida a los 36 años.

Todos estos casos y muchos más, dan qué pensar. Mucha gente recordará y hablará de estos mitos como grandes artistas que lo tuvieron todo y lo tiraron por la borda a causa de los excesos provocados por la fama y el dinero.

Yo, por mi parte, tengo una opinión, al menos generalizada, bastante distinta:

A mi modo de ver, la mayoría de estas personas tenían una concepción de la vida muy diferente al entorno que nos rodea a los seres humanos desde hace ya demasiado tiempo; al mundo en que nos ha tocado vivir; ya fuera algo innato o aprendido por el entorno y/o educación durante sus vidas.

Este tipo de personas no entienden (insisto; bajo mi punto de vista) el día a día que han de llevar. Repudian lo que perciben de la realidad que les acompaña en sus vidas, y a la vez aman el maravilloso entorno físico que les rodea y lo que se podría disfrutar de él si las obligaciones, compromisos y responsabilidades no los acosaran contínuamente.

Imaginan un mundo mejor, intentan vivir la vida a su antojo, como un animal más, que en definitiva es lo que somos. Y esto no hace sino alejarlos de la cruda realidad, convirtiéndolos en almas apenadas y, a los ojos del resto, en amargados, inadaptados, antisociales, estrafalarios, polémicos y/o provocadores.

Todo ello los envuelve en un capullo de seda del cual no quieren salir en vida, pero sí en alma; un deseo irrefrenable de expresar lo que sienten, de expulsar violentamente lo que llevan dentro, desarrollando así una gran capacidad creativa que los lleva a destacar en cualquier medio de expresión artística que se propongan o que el cuerpo les pida. Así, al menos, consiguen extrapolar toda esa rabia e insatisfacción que llevan dentro.

Lo más curioso de todo esto es que esa genialidad que desbordan suele gustar y mucho. Lo cual me lleva a plantearme las siguientes preguntas: ¿lleva todo hombre, en mayor o menor medida esa insatisfacción por dentro y se sienten identificados, aunque con la comodidad de no tener que decirlo? ¿O simplemente possen la capacidad de ignorarla o aceptarla y vivir con ella? ¿O quizás aprecian el arte de estos genios porque en cierto modo se descargan con ello?

Por tora parte, este torrente de pasión y transparencia que regalan estos talentos acaba por conseguir un fin letalmente contradictorio con su forma de pensar. Consiguen de los demás algo que acaban por despreciar: el reconocimiento, la aprobación e incluso el endiosamiento propio. Algo que en ningún momento tuvieron la intención de conseguir y que se da de bruces con sus sentimientos, provocando aún mayor infelicidad en sus almas al comprobar que nada va a cambiar ni nada los va a salvar de este "mundo inventado" en el que vivimos. Es entonces cuando la insatisfacción los corroe y los hace estallar.

Pueden poseer todo lo que uno pueda desear en la vida, como en el caso de Alejandra Pizarnik. Mas todo ello no hace sino aumentar su vacío y su miedo hacia lo único que quieren y los ata a una pesada responsabilidad para con ellos.

Más tarde o más temprano, el sano e inherente egoísmo que llevamos dentro y del cual necesitamos, suele desembocar en el nefasto final que los acaba marcando como mitos.

El hecho de que esas muertes estén unidas al consumo de drogas, alcohol, fuertes medicaciones depresivas o incluso todo a la vez, no me parece, a mi modo de ver, que convierta a estas sustancias en causantes de sus trágicos finales.

Si esto fuera así, tenemos a decenas de "genios" inmunes a todo esto. Gente como Mick Jagger, Keith Richards, David Bowie (al menos en los 70), Iggy Pop, Ozzy Osbourne... Pienso más bien que fue su propia condena la que se los llevó.

En contra de lo que muchos puedan pensar sobre el consumo de drogas y demás, yo siempre los tendré en mi mente como seres hipersensibles que quisieron expresar sus más profundos sentimientos sin ninguna intención concreta o quizás con el ánimo de que alguien los entendiera, no sé... Y sin embargo se acabaron hundiendo en la pena de que nada ni nadie vaya a cambiar.

En definitiva, mentes deshubicadas que, por fuerte que pueda parecer la comparación, me hacen recordar al primer "genio incomprendido" del que tengo constancia: Jesucristo.

martes, 24 de agosto de 2010

EL HOMBRE CURIOSO


1.- Estoy de vacaciones, lejos de mi ciudad. Es mediodía y buscamos donde comer. Paseamos por la zona de restaurantes, debemos darnos prisa, pues se están llenando todos.
Para elegir bien, nos guiamos por varias cosas:
Por una parte, claro está, la carta. Hay que buscar buenos precios.
Por otra parte, el sitio. un buen sitio, cómodo y a la sombrita.
Pero además, nos fijamos en otra cosa. Nos fijamos en lo que comen los demás. Y pensamos: "vaya ensalada que se está comiendo ese" o "que buena pinta tiene esa carne" y, sobre todo "que maravilla de postres".
¡Está claro! Éste es un buen sitio.
Entonces nos sentamos y pedimos lo que nos apetece. Cuando nos sirven, miramos nuestros platos y nos gusta lo que vemos, pero no tanto como esperábamos. ¡Vaya! ¿Qué es lo que falla? Pues nada, no falla nada. Simplemente nos llamó más la atención lo que comían los demás que lo que nos han puesto a nosotros. ¿Hemos elegido mal quizás? Seguramente no. De hecho, casi seguro que hemos pedido algún plato de los que habíamos visto antes.
Y sin embargo, nos gustaba más cuando lo veíamos en la mesa de otro. ¿Por qué será?

2.- Estamos en fiestas. En un mercadillo repleto de puestos. Hay de todo y todo llama la atención.
En un momento dado nos acercamos a un puesto y nos interesamos por algo. El vendedor, muy simpático, nos explica varias cosas sobre lo que vende con entusiasmo.
En ese mismo instante, miro alrededor y observo que en cuestión de segundos el puesto se ha llenado de gente. ¿Por qué tan de repente? ¿Qué ha pasado?
Es más, se ha acumulado tanta gente que comenzamos a sentirnos incómodos y finalmente nos despedimos del vendedor y nos vamos.

3.- Sigo de vacaciones. Ahora me encuentro dentro de una iglesia, de visita. Estamos en una sala donde hay varios cuadros, esculturas y reliquias religiosas.
¡De repente se me ocurre algo! Me acerco a un rincón, uno bien oculto de las miradas de los demás. Entonces me dedico a observar lo que hay colgado de la pared con mucha atención. Me cruzo de brazos, pongo cara de curiosidad y me rasco la barbilla.
Observo como un señor se acerca con cara de curioso. Está claro que viene decidido a comprobar qué es lo que observo con tanta curiosidad.
Entonces, despacio, me alejo de allí, pero sin dejar de mirar atrás. Y el señor llega a donde yo estaba y ve lo que yo estaba viendo. El gesto se le cambia de repente y me lanza una mirada de muy mala uva. Y es que lo que yo estaba mirando era... ¡un extintor!

Puede parecer una tontería, pero todo esto me hace pensar: "¿por qué nos interesamos tanto por lo de los demás? ¿Por qué nosotros también lo queremos, aún sin saber qué es?"
Cuando vimos los platos de los demás en el restaurante nos parecían deliciosos. Y sin embargo, cuando nos los pusieron a nosotros, ya no nos parecían para tanto.
Cuando el vendedor en el puesto charlaba animosamente con nosotros, todo el mundo se acercó para saber qué ocurría allí. Seguramente pensarían: "¿habrá alguna ganga?"
Y por último, cuando hice la broma del extintor, aquel hombre no pudo evitar la curiosidad de acercarse a echar un vistazo. ¿Qué esperaba ver?
¿Envidia? ¿Querer conseguir más que los demás? ¿Exceso de curiosidad? Quién sabe. Juzguen ustedes, que esa manía de juzgar que tiene el ser humano también es, cuanto menos, curiosa.

lunes, 26 de julio de 2010

DESPIERTA!


No cierres los ojos; cuando los abras, todo seguirá ahí, en el mismo sitio.

No te tapes los oídos; cuando los destapes, seguirás oyendo lo mismo; como siempre.

No cierres la boca; más tarde o más temprano tendrás que volver a abrirla. Y cuanto más tardes en hacerlo, mayor será la brusquedad con que lo hagas.

No te quedes quieto; o cuando vuelvas a moverte, te dolerá todo el cuerpo.

No te duermas; o cuando despiertes, tendrás que empezar de nuevo.

Por contra...

Abre los ojos; mira al frente. Con los oídos en guardia.

Si tienes que decir algo, dilo. Y si cierras la boca, que sea porque no tienes nada que decir.

Y avanza; siempre hacia delante; con fuerza. Cuanto más largo sea el camino, mayor será la recompensa.

Pero nunca pienses en el fin del camino; tan sólo avanza.

No pienses en el fin del camino, pues no lo hay.

sábado, 3 de julio de 2010

EL OTRO LADO


Estoy en mi habitación. En mi dormitorio; bueno, en el dormitorio de mis padres.
Tengo 8 o 9 años. O 10 o 12, no sé, no recuerdo. Pero soy pequeño. Y estoy allí, sólo, jugando con un camión de plástico.
Estoy frente a la ventana. No una ventana exactamente, sino una puerta corredera de aluminio que da al balcón.
Estoy sentado en el suelo, con una mano apoyada en el suelo y la otra en el camión. Es rojo, creo. Yo al menos lo recuerdo rojo.
La persiana está echada hasta abajo, pero no por completo. Muestra esos agujeritos por donde entra la luz. Parecen ojos. Y parece que me observan.
Creo que no soy el único al que le pasa esto. Ya lo he oído antes. Y en verdad resulta inquietante.
Casi puedo decir que me dan miedo esas decenas de ojos vigilándome. Y el caso es que a la vez me atraen, quiero mirarlos. Y lo hago.
Los miro fijamente. Y su mirada me atrapa. No puedo dejar de mirarlos. Estoy paralizado. Quiero desviar la vista, pero no puedo. Es muy extraño.
Me empiezo a sentir mareado. Quiero irme de allí. ¡Pero no puedo!
Estoy pegado al suelo. Al menos mi cuerpo; pues lo que soy YO, me estoy yendo de mi cuerpo. Y voy hacia la ventana; hacia la persiana, claro.
Abandono mi cuerpo contra mi voluntad y me acerco lenta y pesadamente hacia aquellos ojos que me llaman. No quiero ir, pero a la vez creo que no quiero resistirme. O no puedo, no lo sé.
Me mareo... me voy... pierdo el conocimiento...
Vuelvo en mi. Sigo allí, en mi habitación, sentado en el suelo, con mi camión de plástico. Parece que no haya pasado nada... pero no es verdad.
Algo ha cambiado. No estoy seguro de el qué. Pero no todo es igual. Y no me refiero a lo que me rodea, a mi habitación; eso está exactamente igual.
No sé. Creo que soy yo. Me noto distinto. Cansado. Adormilado. Sin ganas de nada. O mejor dicho; con ganas de nada. Eso es, tengo ganas de nada.
Y es que no estoy en el mismo sitio. En mi habitación, sí, pero no en el mismo sitio. No, estoy en el otro lado.
Supongo que no tendría por qué saberlo, pero lo sé: he pasado al otro lado.
Y no me siento bien; ni mal. No me siento siquiera. Me da igual. Que más da. Allí estoy. Nada más... Al otro lado...
Y a día de hoy, allí sigo; no en mi dormitorio; no en el de mis padres, quiero decir. Pero sí en el otro lado.
A veces me pregunto cómo habría sido mi vida si no hubiera cruzado la persiana.
A veces incluso, ahora en mi propio dormitorio, mientras cojo el sueño, por la noche, observo mi persiana. Observo la luz que pasa por los agujeritos... Y sólo son eso: agujeritos. Nada más. No siento nada cuando los miro. No sé por qué debería sentir algo, ¿verdad? ¡Que tontería!
Y bueno, aquí sigo. Sin más. Es lo que me ha tocado y supongo que así es como tiene que ser.
¡Qué más da! ¿Verdad? Qué más da.

lunes, 14 de junio de 2010

BUDA

Los hombres, que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud. Y que por pensar ansiosamente en el futuro olvidan el presente, de tal forma que acaban por no vivir ni el presente ni el futuro, viven como si nunca fuesen a morir y mueren como si nunca hubiesen vivido.

BUDA